Esquí de Travesía, el Jeje Vegarada

Así estaba hacia el Faro 

Como suele pasar no era el plan previsto pero las condiciones mandan y las previs no eran las mejores. Llegando al aparcamiento vemos que hacia el Faro, el plan inicial, la parte superior está tapada por una niebla gris y oscura con una pinta muy fea.
  Hacia el Jeje se ve más despejado y lo mejor, que todavía quedan unas palas interesante. No tardamos mucho en decidirnos. Por lo que recuerdo del libro de Adrados no vamos a hacer la ruta habitual de ascenso y descenso del Jeje.

Tampoco es que en este momento nuestro nuevo objetivo se viera mejor...

 

Al final entre una cosa y otra somos cinco. Desde León el último en apuntarse es Raúl. De al lado de la Robla María. Y en Ponferrada me he unido a los otros dos integrantes de la banda, Piki y Pablín. 


Las pistas del sector de Riopinos en San Isidro al fondo



No es muy temprano, son pasadas las 11, hay que reconocerlo no es un horario muy de alpinista, más bien de dominguero tranquilo, aunque alguno se haya levantado a las 6. Hay que reconocer que una vez decidido el plan, en lo que dura un suspiro estamos “jabalineando” a gusto entre piornos por la cintura y recto para arriba. Piki ni se lo piensa y entre piornos por el pecho nos dice que le sigamos. Toca empezar con porteo sabrosón… 


A continuación seguimos hacia la derecha pegándonos al arroyo, parece que en el margen derecho los piornos abren un poco más y nos darán algo de cuartel. Al cabo de un rato, no debemos de llevar más que 100 metros de desnivel, encontramos el sitio para calzar esquís. 


Con muchas ganas de empezar a foquear



Curiosamente en la parte inferior del recorrido no hay polvo sahariano, la nieve está blanca con una fina capa primavera que hace que el foqueo sea de lo más agradable. El primer tercio de la ascensión discurre sin novedades. Vamos afanados en seguir las lapas de nieve y esquivar las de piornos y poco a poco ganamos altura.


Así se ve desde el punto en el que calzamos focas



Raúl tira a su ritmo, va delante y nos prepara la línea, un pequeño repecho es el aperitivo de lo que vendrá después y uno tras otro vamos sacando a pasear nuestra depurada técnica de la vuelta María. No me parece que lo haya hecho tan mal, pero como siempre el tiempo pone a cada uno en su sitio. 


Todavía esquivando las lapas de piornos en la parte baja



Al llegar a un hombro vemos el final del circo. A nuestra izquierda a la arista del Jeje que viene desde el mesón de Vegarada. En frente la unión con el Nogales y a la derecha el Oso. Tras un pequeño y muy democrático debate decidimos tirar para arriba por la empinada rampa en la que ya se ha metido Raúl. Primeras zetas de verdad, en las que cada vuelta María pone a cada uno en su sitio. Ya pisamos nieve marrón, dos o tres centímetros más calientes que se deslizan con frecuencia sobre la dura nieve blanca de debajo. Nieve que no es pescadería todavía pero parece que poco le falta. Y comienza la penosa subida de la pendiente en la que el esquí de abajo decide de vez en cuando irse de paseo, lo cual a algunos nos genera cierta inseguridad. Unos deciden aplanar la huella. Otros no, y poco a poco cada uno a su manera vamos ganando metros hasta llegar a un nuevo hombro a media ladera. 


Nuevo cónclave, sesudas discusiones, debates interminables hasta que nos ponemos de acuerdo en cómo afrontar lo que queda hasta un collado a pocos metros de la cumbre... Todo mentira... En dos minutos decidido...


En el flanqueo ya cerca de la cima

Desde el mismo punto



Este segundo tramo lo hacemos con más seguridad aunque patinamos de vez en cuando, algunos, pero ya más hechos. La nieve está marrón, en el mismo estado que más abajo, aunque se nota que hace más fresco no está más dura. Con calma, a excepción de Raúl que nos ha sacado un trecho vamos acercándonos al collado. 


Raúl en el collado

Llegando al último giro antes del collado

Acabando la subida al collado


Llegando a cumbre


Raúl llegando a cumbre

Yo empiezo a pensar ya más en lo que me espera descendiendo que en llegar a la cumbre. Se me ocurre la brillante idea de sugerir que me quedo en el collado, unos 20 metros más abajo de la cumbre. Piki ni se lo piensa, ¡sígueme! que te vienes a cumbre. Así que unos minutos después allí me veo con un saleroso viento frescachón en la cumbre. 


Cumbre

Llegando a cumbre

Desde la cumbre hacia el norte

Y hacia el sur, la ruta inicial prevista, mala pinta



Aunque me pongo la chaqueta hace fresco. A nuestro alrededor por el este, el sur y el oeste se ven unas nubes gris negruzcas con muy mala pinta. Toca sacar las focas y prepararse para la bajada. Saco el pie del primer esquí y tal como lo piso sobre la nieve veo como me hundo 10 cm hasta el tobillo. Alucino que la nieve esté tan blanda en cumbre con el frío y el viento que hace. Y entonces recuerdo la palabra que tanto Felip como Raúl y Ferrán, me decían cuando con toda la amabilidad y paciencia del mundo me explicaban las ventajas de aproximar con esquís, tratando de hacerme ver las ventajas de que aprendiera a esquiar, EFICIENCIA. 


Yo que esta vez lo tengo muy claro, me bajo 10 metros de desnivel con los esquís al hombro   para hacer unos giros suaves antes del collado y calentar para la bajada de verdad. 


El resto se tira tranquilamente desde la cornisa de la cumbre. Primero Raúl que como un Miura embiste por la pala que hay más a la derecha. Después Piki que duda qué hacer hasta que finalmente se vendrá con el resto de la banda. Y por último salen Pablo y María. 


Y así llega el momento de la verdad. Hay que tirarse por lo pindio. Un par de giros que salen y para abajo con confianza pero sin pasarse. Unos tremendos bolones que uno de nosotros ha tirado algo más arriba invitan a darles preferencia amablemente, enfilamos así la travesía de unos 100 metros hasta el inicio del tubo que nos llevará al fondo del circo. Un par de chicas suben andando siguiendo el recorrido de nuestra huella. Van bastante separadas y como uno es novatillo me dejo deslizar en diagonal muy horizontal sobre los esquís despacio hasta que las rebaso y ya sin miedo me tiro al tubo. 


Un giro, otro, alguna caída para dejar claro quien es el paquete del grupo y te ves descubriendo qué poco dura lo bueno. Ha sido muy divertido, la nieve está facilona para esquiar y da seguridad. 


La bajada del primer tramo de Raúl


A la izquierda las zetas de subida, a la derecha las líneas de bajada


Nos reunimos de nuevo, comentamos la jugada y de nuevo sale Raúl por delante, yo me meto detrás de él siguiendo su línea todo contento y seguro. Ahora la pendiente debe ser la de una pista azul, veo que el cafre del Raúl se ha metido entre unos pinos… Pero estoy juguetón y me meto hasta que ya en el medio de los pinos me digo que mejor por la palita despejada. Giros divertidos de nuevo, sobre cremita blanca y como por arte de magia hemos llegado a las lapas de piornos que alternan con las de nieve. Cruzamos unos piornos hasta la siguiente lapa de nieve. Piki se tira de nuevo y se hace 4 giros. Sigue Pablo y un servidor. Sin contratiempos llegan María y Raúl. La esquiada se ha acabado. 


Dudamos sí subir de nuevo a algo cercano para esquiar un poco más. Yo casi que me doy por satisfecho, me queda un largo camino de vuelta a casa y así llegaría a una buena hora. Al final todo el mundo lo da por bueno.


Té del bueno, jamón todavía mejor y otras chucherías se suceden mientras recogemos para el porteo final. Sigue brillando el sol, al final nos ha respetado el tiempo y hemos hecho toda la bajada con buen tiempo. 


Un desdibujado sendero entre los piornos nos guía hacía el mesón, un poco antes ya cortamos recto hacia abajo. 


No lo sabía pero a los esquiadores de travesía de la Cordillera Cantábrica se les abre el apetito que no veas y no paran hasta que consiguen que les den de comer en algún sitio cercano. Alguno/a no perdona el licor de orujo… 


Nuevos planes van surgiendo en la comida...




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