Las Coloradas, hace un año
Llegando a la Laguna de los Verdes, al fondo nuestra pared |
Hace un par de semanas Raúl me recordaba que justo hacía un año del día que fuimos a Las Coloradas. Así que ya que tengo unas fotos de ese día y que no había escrito nada en el blog de ese día hoy me he animado a recordar esa jornada que ya me gustaría ahora poder repetir.
Las previsiones no afinaban, en algunos sitios había posibilidad de que nevara. Así que con este panorama Raúl y un servidor nos animamos a acercarnos hasta el Montihuero y las Coloradas a ver qué se dejaba hacer.
Recojo a Raúl en el sitio habitual y en poco menos de una hora estamos aparcando en Torre de Babia pero ¡llueve!. Ya que estamos aquí y que para el mediodía todas las previs se ponen de acuerdo en que hará bueno, ¡vamos.!
Al cabo de un rato la lluvia se convierte en finos copos de nieve, un poco más tarde los copos engrosan y empiezan a cuajar en el suelo. Mientras Raúl se caga en todos sus muertos por no saber decir no, yo voy rezando todo lo que sé para que en un rato pare y el compañero no me mate…
Llegamos a la Laguna de las Verdes. La niebla se abre y se ve algún claro azul ya ha parado de nevar y asoma el Montihuero entre las nubes. Las Coloradas al fondo nos reciben más blancas que nunca por fin nos animamos.
La Norte del Montihuero desde donde nos calzamos los crampones |
Mientras, hacemos los últimos cientos de metros confirmamos que habrán caído unos 5 centímetros de nieve. Yo he sudado en las rampas finales, y en la parada de ponerse los crampones y demás parafernalia me he enfríado. Tirito como hace tiempo, me cuesta un mundo ajustar los crampones.
Tras muchas dudas, nos hemos decidimos por algo sencillo, el manto blanco que lo cubría todo nos parecía engañoso así que decidimos que lo más seguro era hacer algo fácil. A la izquierda de lo que creíamos que era el corredor Luna subía otro corredor de unos 60 grados en un recorrido en “ese” inversa del que no vemos el final.
A punto de girar para embocar el inicio del corredor, a mi izquierda se intuye la entrada del Corredor Central |
Empezamos progresando sin cuerda. Bajo la capa nueva de nieve otra capa sólida y con buena tracción nos permite avanzar seguros. No es nieve corcho pero es lo sufientemente dura para traccionar con seguridad en esta rampas de 60 grados. A eso de la mitad del recorrido dudo algo, voy por delante abriendo huella sobre nieve virgen y por un momento pienso en sacar la cuerda, (más que nada porque nos acercamos a la curva y no vemos la salida). Le pregunto a Raúl, me dice que va bien, que por él seguimos así.
Tres momentos diferentes en la parte central |
Me digo a mí mismo que en la curva paramos y decidimos de nuevo según lo que veamos. La nieve no cambia de condiciones. Echo un vistazo alrededor, el sol ha salido y veo como brilla más allá de las sombras de la pared.
LLego a la curva. Aprovecho para hacerle unas fotos a Raúl y me miro lo que nos queda. El terreno cambia. La suave rampa de nieve gira a la izquierda en 45 grados para morir en un terreno de la misma inclinación pero de bloques y piedras con una peligrosa pinta de estar todo suelto. No me emociona mucho. Desde donde estoy en linea recta hay 10 metros de piedra mala hacia una salida más vertical. Me gusta todavía menos.
En la curva, en las rampas de abajo se observa nuestra huella |
Llega Raúl, lo valoramos y finalmente me veo tirando de nuevo por delante sin cuerda. Un primer paso juguetón en el que debajo de la nieve reciente no hay más que barro y lastras de roca suelta que hacen que me ponga en guardia. ¡No va a ser tan sencillo!. Lo de sacar la cuerda no habría sido tan mala idea. Me consuelo pensando en que la roca que se ve por la izquierda de la rampa tampoco es que tenga una pinta soberbia para proteger.
Raúl, disfrutando a tope |
Lo que nos queda desde la curva, pinta tramposa |
Sigo progresando por la nieve reciente y barro que mis pies mezclan formando una base peligrosa. Me pego al espolón de rocas hasta llegar a un bloque que me cierra el paso. Tengo que rodearlo por la derecha sobre un pie derecho que menos fe y seguridad da mucho miedo. Me paso un par de minutillos mirándome la jugada hasta que me doy cuenta que estando donde estoy no hay más remedio que hacerlo fiándose de ese pie derecho. Con mucho tacto y equilibrando los pesos en cada una de las extremidades, voy con cuidado cargando sobre ese pie. Rápido cambio el piolet de la mano derecha más arriba, no me gusta mucho como queda pero veo que será suficiente para poder cambiar los pies. ¡Sale! y me veo ya en un terreno amable que me deja a unos 20 metros de la cumbre. Estoy deseando llegar para que me de el sol.
En el primer paso picante |
Sube Raúl siguiendo mi huella. Como yo, duda un poquillo en el paso del bloque y en un par de minutos lo tengo a mi lado al sol.
Al final hemos triunfado, nos hemos hecho una actividad disfrutona con muy buen tiempo. Brilla el sol, el cielo azul, y tranquilamente vamos bajando comentando la jugada y otros temillas.
Hemos parado abajo en la ladera de enfrente donde da el sol a sacarnos los crampones. Aprovecho la parada para hacer unas fotos e intentar ver detalles de una parte de la pared en la que creo que sale una linea que no se ha hecho todavía. Como no hemos encontrado nada de hielo y este año parece que no lo va a haber pienso en que tocará esperar al inverno que viene para darle un tiento a esa linea. ¡Iluso!.
En el paso final toca irse a la derecha |
Raúl saliendo hacia los metros finales |
Nuestra huella en la salida que hicimos |
La línea antes de entrarle |
La pared desde donde nos calzamos los crampones y nos equipamos. |
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