Cuando te dejas el arnés...
Si os fijáis en el perfil de la roca veréis al contratista currando |
Pues sí, esta es la historia de un paquete, de uno que hace las cosas mal y lo sabe. De uno que tiene una empanada tremenda… Del que os escribe…Pero empecemos por el principio…
Vamos de culo los dos. Es así, por una cosa o por otra hemos acabado dejando el hacer las mochilas para el último momento mientras hacemos mil cosas como podemos. Sé que esto sólo puede acabar mal. Soy animal de costumbres, si voy a hacer actividad hago la mochila el día antes, con calma y concentrado. Soy muy despistado y para mí esta es la única manera de asegurarme que no la cago. Pero ayer decidí que ya preparaba todo por la mañana con calma que debía tener tiempo…
Ya en el coche comentamos el tema, que no se puede hacer lo que hemos hecho, que sería raro que no pasara nada… Cambiamos de tema rápidamente y se suceden los “asuntos urgentes” a tratar sin más demora.
Penedo do Garabullo, no son las tres de la tarde cuando aprovechamos para ir al baño nada más bajarnos. Llega el momento preferido por los dos, mochila cargada y para arriba. 10-15 minutos de los que te dejan calentito.
Estamos en el lugar desde el que nos vamos a descolgar. Dejo la mochila en el suelo. Y justo en ese momento al ir a abrirla me doy cuenta de la tragedia… No recuerdo haber metido el arnés. Por si acaso abro, el casco, los útiles de limpieza y la cuerda… Ni rastro del arnés…
¡La he cagado bien cagada!. Él no se lo cree… Pero con todo el buen corazón del mundo asume que es lo que hay. Que estas cosas pasan…
Hacemos el plan. Él se cuelga y limpia mientras el señorito baja, supervisa y comprueba que la cuerda llega a donde tiene que llegar. Además de hacer fotos e ir a hacer un rato de exploración.
Dejo al contratista en lo suyo… Y por una vez no soy el que limpia. Bajo, hago las fotos, compruebo la cuerda, sobran 12 metros. Y con todo el dolor de mi corazón sigo hasta el coche. Me acerco hasta el sitio en el que intuyo que se puede subir a la ladera de enfrente… Me meto a andar. De nuevo exploración. Lo mejor de todo, me doy cuenta de que estoy equivocado y que lo que he hecho no sirve de mucho. Bueno, puede que haya que venir a hacer alguna foto pero no para lo que yo creía.
De nuevo toca jugar a dónde está Wallie... |
Vuelvo en el coche hasta el aparcamiento de abajo. Compruebo algunas cosas que he visto. Con alegría confirmo que el contratista le está dando bien y que ya ha limpiado más de lo que nos habíamos planteado hoy. Además rapelaremos hasta el pie de vía. Me acerco a la carretera y de nuevo tras unos oportunos gritos de seguridad al contratista acordamos los siguientes pasos.
Subo hasta el pie de vía. Él acaba de rapelar, subimos juntos, me “cede” amablemente su arnés, rapelo, recogemos y pal’bar de los croquis. Que tenemos que dejar algo…
Pero como son las cosas, justo cuando llego al pie de vía, el contratista decide tirar de todo. Me grita que me aparte, duda de si tirar un bloque. Yo que soy un inconsciente le digo que al lío que me aparto y me pongo debajo de un techo… Veo como un bloque como un microondas cae a 10 metros de mí, salva un pino por centímetros y sigue para abajo dando unos golpes tremendos… No pienso deciros dónde paró…
Otro más pequeño y por fin decide bajar.
Mi turno, rapelo, paso los metros que he limpiado como si ardieran y cuando al cabo de un rato miro para arriba alucino con la pinta tremenda del diedro.
Un servidor |
Bajo más, tiro alguna piedra y bloque de tamaño medio. ¡No voy a ser menos!.
Sin novedades llegamos al bar, mientras uno se va directo al baño otro coge la carpeta de los croquis y deja algo… Pedimos, es viernes por la tarde, hoy ha habido feria en el “rueiro” y la cosa está animada.
Tal como el contratista sale del baño le hago la pregunta del millón… Después de haber rapelado los dos primeros largos… ¿Cuál quieres hacer de primero?…
Pintaza |
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hacia abajo |
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