Noches de Escuela + Venus, Peñas del Prado
La pared desde los primeros metros de la aproximación |
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El croquis de la vía de "La Garafa" |
Cuentan que más allá del túnel del Negrón brilla un sol infinito. Qué mires dónde mires hay murallas de caliza en tal cantidad que ni en mil vidas serías capaz de escalarlas.
No sé en qué se inspiró Tolkien para su Mordor, pero hay algo que tengo claro, si hubiera venido a pasar este “verano escocés” que llevamos en casa, pronto se habría dado cuenta que su Mordor es un juego de niños comparado con esto.
A lo largo de la semana las previsiones bailan día a día. Dan algo de agua de madrugada e incluso a primera hora de la mañana. El resto del día, sol con nubes y temperatura fresquita, apenas deberíamos llegar a los 20 grados. Un viento frescachón del norte-noroeste debería amenizar la jornada, a ver qué pasa.
Como es habitual a falta de un enfermo como yo, el reclutamiento es lo más difícil, pero afortunadamente Ernesto se apunta. No puede decir que venga engañado, el plan es hacer Noches de Escuela. Una vía de la que hablan maravillas, nos toca seguir los pasos de Miguel Pita y sus compañeros de nuevo. En el libro de Adrados, “la biblia”, para los escaladores de la cordillera, el autor la pone como de las vías más interesantes de las Peñas en “relación calidad-esfuerzo”, palabras textuales.
"La Biblia, próximo paso a incunable en breve" |
Salimos temprano. De camino, cruzando Asturias se alternan tramos de sol y nubes con lluvia. Bajando desde la costa hacia Oviedo veo con preocupación que las estribaciones de la Cordillera amanecen cubiertas de nubes bajas. No me gusta y empiezo a pensar en que puede que no escalemos. Subiendo el Puerto de Pajares, la Norte de Ubiña se esconde tras las nubes, pero hacia la boca del túnel del Negrón se adivinan claros. Compruebo la temperatura en el coche, 13 fresquitos grados, desde luego calor no va a hacer.
Salgo por el lado leonés, y una vez más se hace la magia, cielos más despejados, suelos secos y un paraíso de caliza que se abre ante mis ojos. Desfilan a ambos lados de la autovía, el Pueblo de Caldas de Luna, la pared del Pincuejo, la parte de atrás de Peñas del Prado como descubriré con asombro en unas horas, la norte de Peña los Llanos, al fondo la Peña Suca Cabrón, las Gemelas de Robledo, me gustaría pensar que estoy en casa…
Líos para aparcar cuando estamos en la segunda reunión |
Por fin apartadero en la carretera que lleva a Cubillas de Arbás a la altura de las Peñas del Prado. Petado por cierto.Echo una mirada furtiva a la pared y me impresiona su majestuosidad. Los trámites habituales y en un ratillo estamos subiendo por el sendero machacado por los que nos preceden. Hay tráfico y sin mucho éxito al principio intentamos buscar signos de vida en las paredes. Aprovecho para memorizar e interiorizar los detalles del final del descenso que tiene truco.
Ya no recuerdo la conversación hacia la pared. En algún momento algunas dudas con la ruta a seguir hasta que a medio camino veo unas figuras que están acabando la aproximación unos 50 metros a la izquierda de nuestro pie de vía. Intuyo que van a la misma vía que nosotros y acabo acertando. Son tres vascos de Bilbo. Mientras nos acercamos, sacan a un primero que avanza hasta que a unos 8 metros del pie de vía para. Seguimos y no lo veo. Cuando llegamos comprobamos que se ha bajado y uno de sus compañeros se dispone a salir de nuevo. ¿Nos retrasarán?.
Los de Bilbo a punto de salir los segundos |
Acordamos que saldré yo de primero. El chaval que se bajó nos comenta que no encontró nada para proteger antes de llegar a la primera chapa que está a unos 10 metros del pie de vía. Y que hay algún paso fino. Por dentro pienso, ¡fenómeno, vaya panorama qué te espera, 10 metros a pelo para empezar, y con paso fino!.
Me resulta curioso que me miro el primer largo y tampoco lo veo tan peliagudo. Tumba bastante y se ven cosillas. Me voy preparando, y cuando están los tres en la reunión con el primero a punto de salir para el segundo largo empiezo a escalar. No habrá problema dado que ellos han montado buscando los dos famosos clavos que no aparecen por ningún sitio. Mientras que yo montaré dos metros más abajo en el puente de roca.
Nada más salir a 4 metros, meto el “1” en un canalizo en el que queda perfecto. Aún no he resuelto el problema de llegar a la primera chapa pero me tranquiliza pensar que he sacado 8 metros de caída con este simple gesto. Sigo unos metros y en uno de los agujeros consigo meter el Camalot gris. Apenas quedan 2-3 metros hasta la chapa, ¡misión cumplida!. ¡Y eso que los vascos presumían de tener imaginación!. Hago un par de pasos más finos, de pies en pura adherencia y llego a la famosa primera chapa. ¡Bien!.
Me parece que la cosa no va a ser para tanto, y con confianza sigo hacia la segunda, siguen los pasos de adherencia fina, creo recordar que no meto nada hasta esa chapa que está unos 4-5 metros más arriba de la primera, llego, meto la cinta y me pienso el paso. ¿izquierda o derecha?, dudo, me lo miro y lo intento por la izquierda, a poco que suba los pies medio metro debería llegar a una mano salvadora. Se me va el pie izquierdo, y me veo resbalando por la pared, me agarro de la cinta y desde arriba oigo como uno de los vascos me sugiere que él resolvió por la derecha. Un par de canalizos suben en línea recta hasta donde la pared parece que tumba algo más y se ven unas posibles buenas manos.
Me miro el pie izquierdo, en concreto el flamante Scarpa Booster, que llevo por segundo día, e interiormente le pregunto ¡qué para que lo he traído!. Tiro por la derecha, los pasos salen, chapo el tercer parabolt y meto los dos Totem negros en una laja. Me queda una travesía en diagonal ascendente de unos 3 metros totalmente lisa hasta llegar al agujero del puente de roca. Fino, fino.
Subo hasta dejar la laja a mis pies, Con delicadeza me muevo hacia la derecha, momento en el que tengo que jugármela moviendo el pie derecho los 30 centímetros que me van a permitir agarrar el canto bueno del agujero con la mano derecha. ¡Turno del Booster derecho, gánate el pan chaval!.
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Un servidor en el puente de roca y los vascos en la segunda reunión |
En el puente de roca luce el sol, algunas nubes y un vientecillo fresco juega con nuestras ropas y la vegetación que milagrosamente se aferra a la pared. No creo que lleguemos a los veinte grados y deben ser sobre las 11:30 de la mañana. He ido algo lento, por arriba los vascos ya están los tres en la segunda reunión.
Cuando Ernesto llega a la reunión, me comenta que había algún pasillo de los psicológicos. La verdad es que nos ha dejado calentitos el largo. Y mientras vamos arreglando a Ernesto para salir pienso en el resto de la vía que se pone más vertical.
Sale, toca hacer “un paso” nada más salir, soluciona y poco a poco la cuerda corre por el Reverso. Ernesto ha oído a los vascos que parece que este largo se hace mejor que el primero. Curiosamente en el croquis del libro de Adrados, la “Biblia”, dan V para el primer largo, y V+ para el segundo, ¡un clásico!. Mientras aseguro a Ernesto veo que varias cordadas se han acercado a ambos lados de nuestra vía. Unos por la izquierda van a hacer “Hogar del Viento” un poco más dura que la nuestra, tiene un par de pasos de 6A.
El "Brasas" en el techo de la Nose... |
Entre las dos cordadas se conocen y comentan no sé qué cosas de “la Biblia”. Viendo hacer al primero de la izquierda parece que esté haciendo un 7A por cómo grita en el primer largo. Está haciendo la misma dificultad que nosotros, y ni que estuviera haciendo el puto techo de la “Nose” en Yosemite. Que si travesía expuesta, ¡qué fino! ¡vaya vía!,…Y mira que me caía bien hasta que abrió la boca.
Por el otro lado una cordada de dos se va a meter en la Venus, estos ni han saludado, se lo toman con calma parece, nosotros tenemos la idea de hacer su último largo así que espero no molestarles.
Una vez presentada la compañía vuelvo con Ernesto que con serenidad va currándose el largo. No le hace falta ni gritar, ni gemir, sabe lo que hace, y cómo es él, callado y seguro, llega unos metros debajo de la tosta que marca el final del largo por una zona negra de agujeros que parece más sencilla, mete el “2”, y llega a la reu.
Ernesto, ha salido de la reunión y tira para arriba, segundo largo |
Largo más divertido y menos psicológico que el primero. Tiene un paso de “apretar” algo pero nada más difícil que el primer largo. En mi opinión, me la jugué más 3 o 4 veces en el primer largo. Cuando llego a la reunión, Ernesto cree que es que estábamos fríos. No se lo niego y pienso en que los dos llevamos una temporada escalando poco y que puede que sea eso.
Ernesto en la segunda reunión, los vascos están en la tercera |
Salida apretona del tercer largo, más que nada porque salgo por la izquierda hacia unas manos buenas pero sin pies por debajo que me obligan a hacerme un pie-manos. Me diría después Ernesto que él por la derecha de la reu resolvió mejor.
Tiro, una zona fácil de unos seis metros, y me planto en la base de un muro liso. Una chapa espera mi llegada. Aparecen las manos, los pies con más canto, no son tan finos como en el primer largo, se supone que este largo tiene un V+ y en la foto del libro de Adrados sale un tío más o menos donde estoy ahora y la verdad es que la foto impresiona, ¡os la pongo y opináis!.
Por ahí voy,... |
Voy resolviendo en automático y sin pensar mucho, a pesar de que me noto algo raro mentalmente, no voy con miedo, estoy concentrado pero no sé por qué me noto como escalando en automático y sin disfrutarlo a tope. Cosas raras…¡Qué me hago mayor!
Llego a la chapa, como anteriormente los vascos, resuelvo un paso en lo más vertical del muro abriendo piernas, buenos cantos para las manos y estoy en una repisa a unos metros de la reunión que tengo a mi izquierda.
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Recuperando a Ernesto en la tercera reu, mientras sigo al último vasco |
Ernesto llegando a la tercera reunión |
He recuperado algo de tiempo a los vascos, cuando grito reunión, todavía veo al último vasco apretando en el cuarto largo. Por abajo viene Ernesto, intercambio de fotos y disfruto de una cómoda reunión. Cuando llega Ernesto me doy cuenta de que hace fresquito, me pongo la chaqueta y empieza a seducirme la idea de hacer el cuarto largo “abrigadito”.
En el cuarto largo todavía en lo sencillo |
Ernesto a punto de entrar en el apretón del largo |
Pasos divertidos de cuarto grado en las tres primeras chapas, y hasta el muro que precede a la famosa travesía. ¡Foto obligada en todo blog que se precie menos en este!.
¡Confiesa Miguel! cuánto os llevó el tallado de los tremendos cazos con los que se resuelve la travesía. Alucino con lo bueno de las manos, es cierto que no hay pies, y que en ese tramo la pared se pone casi a noventa, pero las manos son espectaculares. Y si no la cagas como cierto elemento que escribe que en una de ellas se olvidó del pequeño detalle de dejarle sitio a la otra mano se hace muy bien. No es de los momentos más delicados de la vía en cuanto a dificultad.
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Entrando en la reunión de la Venus, antes de la fisura |
Bueno, llega el momento del clo, clo, clo… vamos a salir por la fisura de la Venus. Dejamos la placa del paso de 6A+ para otra ocasión. El tema no es el paso, está entre la segunda y tercera chapa, pero dicen que después de la tercera chapa queda una zona todavía fina y expuesta en la que si te caes te puedes ir a la repisa de abajo… Así que lo dicho, he decidido que salgo por la fisura de la Venus… aunque algunos dicen que hay que apretar tanto como por el otro lado, me consuela pensar que se debe proteger mejor…
Primeros metros fáciles, meto el “3” para proteger la reunión, aunque con dos parabolts… Bueno, que sigo, toca meter algo en el cordino que marca el inicio de la parte desplomada. Hago algo raro como me comentaría Ernesto arriba. Y es que cogiendo un invertido buenísimo me paro a poner la protección en vez de hacer el paso y ponerla después. El invertido es muy bueno, me veo seguro y cómodo y contrariamente a lo que pueda parecer me parece que es un buen sitio para proteger.
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Antes de entrar en lo desplomado |
Hago un par de pasos y antes de lo más desplomado y apretón me pongo cómodo para mirármelo bien y decidir cómo negociar. Subo pies, una mano izquierda malilla es lo que tengo para subir de nuevo los pies hasta que consigo llegar a un buen cazo a la derecha, sé que es el último paso delicado del día, con esa mano meto los dos pies en adherencia en la pared y los subo hasta la repisa que hay a la derecha. meto el “2” en un canalizo a la derecha, no queda espectacular y escalo por terreno fácil hasta la última reunión que me espera diez metros más allá.
Impresionantes vistas desde la última reunión |
La reunión, y la trepada final |
Cuando grito reunión, se asoma en la cresta uno de los vascos, hacemos un par de comentarios, van a bajar andando, les digo que si quieren bajamos juntos. Al final deciden no esperar.
Ernesto llegando a la reunión final |
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En la trepadita |
Cuando llego a la cresta me sorprende lo que veo, la autovía pasa pegada al fondo de la ladera. Veo Caldas de Luna, la boca del tunel del Negrón. Y algunas de esas paredes qué tantos días de diversión me han dado.
Caldas, la autovía, el Pincuejo, las Gemelas de Robledo... |
Comemos algo, recogemos el material y comenzamos ese descenso con truco que ninguno de los dos ha hecho. Estoy escarmentado de los atascos de cuerdas, así que no rapelaré a menos que sea obligatorio.
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Empezando la bajada |
Vamos siguiendo la hierba pisada. En el collado tiramos hacia abajo, y cuando más falta hace encontramos el primer hito que nos dirige al sencillo destrepe final con instalación.
Los vascos ya están en el aparcamiento cuando terminamos el destrepe. Nos paramos a ver las vías que salen del espolón que vamos rodeando a la derecha de las Peñas.
La tarde es buena, hace calorcillo, nada matador, vamos en manga corta, buscamos con la vista a las cordadas que gritan reunión, y demás parafernalia. Nos hipnotiza la vía que acabamos de hacer y buscando con la vista vemos a los de la Venus en las dos últimas reuniones.
El tramo de pared por el que discurre la vía y sus vecinas |
Me resisto a dejar de mirar la pared, voy parando y parando, hasta que finalmente hablando de gatos, modelos, tallas, hormas y demás me olvido de la pared. Empiezo a tener ganas de llegar al coche.
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