Un sábado diferente
No voy muy animado la verdad pero es sábado y para variar no llueve así que ¡hay que hacer algo!. Dada la situación no me queda más remedio que escalar autoasegurado en las vías de al lado de casa. Es lo que hay.
En la aproximación de unos quince minutos andando, voy rumiando la manera de animarme pero la verdad no la encuentro. Cuando llego a la parte trasera del pilar de roca en el que está El Campanario veo que en el mar hay bastante viento. Está revuelto, de un verde turbio y opaco, y los borregos empujados por el viento surcan veloces la superficie. Espero tener algo de suerte y que el viento sea Nordés de verdad.
Vista desde el sitio donde me equipo, todavía da el sol y estoy a resguardo del nordés |
Es dar los 4 pasos hasta la reunión de arriba y una gélida racha de viento me da la bienvenida. ¡Voy a pasar un frío del carajo!. Mientras preparo el primer rapel, me cago en todo pensando en por qué no saqué la Atom de la mochila. El Nordés sopla con fuerza, choca con la pared y sube enfurecido hasta donde estoy, bueno, ¡no sólo voy a entrenar músculos!.
En la primera reunión |
A la sombrita como a vosotros os gusta |
En la segunda reunión en la que fijo las cuerdas y cambio el rapel, empiezo a pensar seriamente en la posibilidad de hacer un pegue e irme casa. Estoy tiritando, no me quiero ni imaginar lo congelada que debe estar la roca y el sol aún tardará un buen rato en darle a la pared. ¡Vamos!, la perfecta tarde invernal para escalar, ¡seguro que alguno me vendrá con lo de que son las condiciones ideales para encadenar esos proyectos duros!,… pero es que yo sólo iba a entrenar un ratillo…
Un rato después estoy en el pie de vía y he puesto el móvil a grabar. El plan es sencillo, unos pegues de calentamiento y vemos a ver qué tal me va con los piolos.
Reconocerlo, veis este montaje y os entran unas ganas irrefrenables de escalar |
Empiezo por hacer el recorrido normal de la vía. En los primeros metros ya veo que voy fatal, no me gusta nada como escalo. Estoy frío, escalo totalmente metido en mi metro cuadrado. Titubeo con las manos y pies y eso que estoy haciendo una vía que como quien dice me sé de memoria. Pienso en el teléfono grabando la proeza y valoro seriamente el bajarme y borrar para empezar de nuevo. Pero bueno, al final por pereza sigo, si la cosa queda hecha un churro es lo que hay.
Tras la faena de dos orejas y rabo, decido hacerme la variante de entrada de la placa que hay a un metro a la izquierda. Sudo como un cabrón para resolver los 3 metrillos duros del comienzo. Busco manos y como puedo me miro los pies entre la chaqueta y mis piernas, no me puedo creer que me esté costando tanto.
Como uno aparte de ser un paquete de miedo es terco como una mula, pues le doy también a la variante del diedro que está a otro par de metros a la izquierda. En esta ocasión aún lo hago peor si es que era posible. No sólo me meto sin mirarme un poco el tema antes de empezar, sino que sigo escalando fatal. Hasta el punto de que cuando estoy en el medio del marrón, apenas a un metro y medio del suelo, me doy cuenta de que estoy a punto de rendirme y bajarme. A ver, el paso en verano con calorcito y a gusto suele ser un 6A nada del otro mundo, con mirárselo un poco antes se hace. Que sea invierno y haga frío no es disculpa.
Como uno es un cazurro de cuidado, ahí estoy, clavado en el medio de lo peor, desplomado, viendo que tengo que sacar la mano derecha pero es justo la que está haciendo que no me vaya abajo. Busco desesperado una mano izquierda que me permita rebalancear pesos pero no la encuentro. ¡Joder!, ¡qué me peto!. Me veo preguntándome a mi mismo si me voy a bajar. Patético, echo una miradilla furtiva para ver cómo está colocado el Cinch y la micro. ¡Si lo llego a saber no miro!.
Aprieto. El cabezón que llevo dentro toma el control, manda a paseo al cagado y al desanimado, ordena apretar dientes y culo y se pone a buscar la manera de salir del marrón. Os diría que salí con dignidad del asunto, pero la verdad es que ya ni lo recuerdo. Lo único que sé es que por primera vez en el día tengo calor, así que me bajo la capucha de la chaqueta y dado que tengo el privilegio de estar sólo sin público me doy el lujo de resoplar y de paso recuperar como buenamente puedo.
Llega el momento de la verdad, ¿piolos?. Veo que en la piedra que uso de apoyo para asegurar cuando vengo con gente ya da el sol. Así que me receto un par de minutillos de descanso al sol a ver si de una vez se me calientan las ideas que falta me hace.
Parece increíble lo que se notan unos rayitos de sol. Sin pensármelo mucho ya estoy preparándome en el pie de vía y el móvil grabando otra vez. Si en los días normales en el primer pegue con los piolos no suelo conseguir el hacerla del tirón sin usar las manos no me quiero imaginar hoy…
Empiezo, resuelvo los primeros metrillos, estaba pensando en decir que dignamente, pero creo que no, vamos a dejarlo en que resuelvo. Cuando hace un rato vi el video por primera vez me sorprende lo que bufo a cada paso. Tardo el triple de tiempo en escalar la vía que con las manos, lamentable.
Bajando pienso en que por lo menos no me he caído. Parece que el viento se ha suavizado algo y valoro la posibilidad de sacarme la chaqueta. Al final me la dejo, quedan unos 3-4 pegues para darme por satisfecho así que a ver si ahora ya escalo mejor.
Intento ir concentrado y anticipar. Escalo de una manera totalmente diferente, fluida y suave, menos tenso y agarrotado. Lo mismo pasa en la variante de la entrada de la placa y en la del diedro.
Satisfecho me animo a darle otro pegue con piolos, a ver cómo se me da la parte de la travesía a la izquierda. De nuevo resuelvo la parte inicial e incluso me coloco para iniciar la travesía a la izquierda, peeeeerooo, a la hora de la verdad me veo de nuevo usando las manos. No es el día, así que decido no encabezonarme en hacerlo con piolos y en cuanto llego al punto en el que ya la vía va vertical de nuevo sigo los piolos hasta la reunión.
Maniobras, cuerdas, rapel con la cesta y ya en el pie de vía con todo por recoger me entretengo en buscar barcos en el horizonte. A primera vista no veo ninguno, lo cual me extraña. Hago un segundo barrido más detallado, y a la derecha veo un puente blanco, otro más oscuro cerca y ya yéndome hacia Prior justo en el horizonte aparece una tercera sombra gris pálida.
La vista desde el pie de vía ya recogiendo |
Me tomo con calma el recoger el material. Estoy con las cuerdas cuando por la derecha veo que asoma una nube blanca de la que sale un arcoiris. Justo cuando acabo de recoger todo las primeras gotas de agua me caen en la cara y en la chaqueta.
El arcoíris anunciando agua |
Vuelvo despacio hacia casa. Ya en el camino ancho veo dos personas a lo lejos, una mancha negra viene como una locomotora hacia mí. Es Pipo, mi perro, que decide que la chaqueta y el pantalón se van a la lavadora. Cuando alcanzo a la familia me dan la buena noticia de que van a subir el monte hasta arriba. Me da rabia decir que no, así que me veo haciéndome cien metrillos de desnivel positivo con todo el material a cuestas.
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